domingo, 13 de diciembre de 2009

El Anciano; "Peleas de pareja"

Era de mañana, muy próximos a las 11, el sol muy brillante lanzando su mejor calor y el viento agradable rondando la ciudad para refrescarnos y pasar bien el día. Yo jugando con las villitas con un par de amigos,… ¡día feriado! y no había que estar en la cárcel del colegio… y ni recordarlo en esta placentera mañana.

Sin querer la villa se me escapa justo antes de lanzarla, la seguí con la vista y darme con la sorpresa que cae a los pies del grupo de niñas que también disfrutaba el día libre. Que vergüenza, sobre todo por el miedo que la niña a la que quería me empezase a hablar y yo, posiblemente quedase mal frente a mis amigos.

Me acerqué tímidamente, con la cabeza baja, evitando cualquier roce posible. Ella me miró y se acercó hacia mí, con sus pasos rápidos y su mirada acusante, sus amigas siguiéndole. Me quede perplejo y absorto de ideas ante su rápida reacción, que había hecho mal para que se moviesen de esa manera tan acusadora, ella se paro delante de mí y empezó a decir con voz alta:

“Que te crees, no me das la importancia debida, solo te importan tus cosas y te olvidas de atenderme a mi”

¡¿Qué?!, el susto me inundo, no podía hallarme con lo que estaba diciendo, mi mente se mantuvo tan confusa que no lograba coordinar algo para decir…, mi corazón empezó a latir más de lo normal, el sudor me inundo el rostro en un segundo…, traté de volver a pensar en lo que me dijo y de repente me vino a la mente la novela que veía mi mamá en las tardes, mientras yo hacia mis aburridas tareas, creí escuchar algo parecido a lo que ella me dijo, pero.. esto de que me ayudaría, pensé, la vida es una programación, las novelas son el reflejo de nuestras vidas, me preguntaba.

Una carcajada se empezó a escuchar, todos salimos del lapso anterior, desde los protagonistas y los espectadores que esperaban por la villa para poder seguir jugando; Volteamos a ver quien era, la carcajada continuaba y un nuevo lapso se nos dio, era el anciano y se acercaba caminando algo despacio ayudándose de su bastón de madera brillante.

Una ráfaga de viento se hizo presente, el anciano agarró su sombrero con su mano derecha para evitar que sea llevado, él seguía caminando y manteniendo su carcajada, se detuvo delante de nosotros y nos dijo.

“Hay con ustedes niños, cada vez se nos pierden más” las miró a las niñas y les dijo: “Dejen de seguir el ejemplo de su caja aturdidora” dio un paso más y se acomodo un poco la espalda. “Las discusiones son algo anormal, y en una pequeña relación que ustedes llevan no debería de aparecer, tan pequeños y ya empiezan con malos hábitos” guardo un poco el silencio moviendo la cabeza dando su negativa y dijo. “Las relaciones de pareja no tienen peleas, se van tornando dilapidadas cuando aparecen, y lo peor de todo, es que creen que es normal tenerlas, se van acostumbrando a esa emoción de disputa…” siguió caminando hasta darnos la espalda con su rumbo y nos dijo nuevamente:

“Dejen de pelear, eso es anormal.”

Todos quietos sin saber que decir; jejejeje, eso no va dirigido para mi, muy alegremente pensé, una sonrisa apareció en mi rostro, las mire con esa sonrisa de victoria inocente, tomé mi metra del piso, me levante viéndolas de nuevo y sin decir nada, me fui corriendo hacia mis amigos para seguir jugando. Ellas regresaron a sus cosas también enmudecidas. Que bueno que a los ancianos se les respete, en esta ocasión me salvó de una que no entendía nada.


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