lunes, 28 de diciembre de 2009

A Transmutar

Noche que trajo consigo su frialdad para cada intención que se pronunciaba en las personas que se encontraban a mi alrededor, las acusaciones aniquilando mis ánimos, mis fuerzas… mis pocas ganas por responder…

Noche que con su leve luna me alumbro en mi camino sin rumbo por las calles de tierra, de las calles olvidadas por estar en la orilla de la ciudad, y por esto, no contar con las meras luces artificiales.

Mi marcha cabizbaja goteando por la lluvia de mis ojos, llegar al final del camino, donde oportunamente me di el tope con el anciano. Mis ojos llenos de lágrimas, mis pequeñas mejillas humedecidas sintiendo el rozar de la tela de mi chompa que trataba de ocultar sus rastros…

El anciano se me acerco y me abrazo, yo también le abrase y el llanto algo calmado regresó ahora con todas sus impetuosas ganas, sin limitaciones ni contemplaciones a la vergüenza del desahogo.

“Tranquilo niño” me dijo el anciano después de haberme aplacado por un rato. Me sentía un poco mejor pero todavía sentía ese apabullo de aquellos presentes de mi desliz.

“Junta tus dedos medio y pulgar en cada una de tus manos” Me dijo tranquilamente mientras se sentó en el suelo mirando al exterior de la ciudad y me indico a también sentarme sin que se suelten aquellos dedos juntados.

Mi mente seguía trayendo los recuerdos no gratos por los que pasé; en mi casa no son muy seguidores a los adornos, pero tenían uno que siempre apreciaban por su lugar de procedencia, lugar que no entendía ni el como se pronunciaba, nunca creí que sintieran tanto la perdida de ese jarrón y llegasen a rebajarme como a un extraño criminal de la peor clase… pese a que aquel destrozo fue casual…

Continuar pensando lo mismo pero en un par de minutos después me di cuenta que no sentía lo mismo, mis recuerdos continuaban pero no sentía culpa ni la tristeza acuchillante, ahora yo estaba totalmente tranquilo, todo aquello negativo ahora estaba desvanecida…

“Estas produciendo una energía transmutadora al juntar los dedos pulgar y medio, tus tristezas se  han transmutado” Me dijo el anciano tranquilamente mientras continuaba viendo la naturaleza fuera de la ciudad.

Yo como siempre ante sus dichos… desconcertado y de igual manera… intrigado…, y le seguí escuchando.

“No solo cuando estés triste, también cuando estés con cólera o angustia, junta esos dedos y veras como se transmutan”

El se levanto aún contemplando el paisaje, sin apuro alguno, estando de pie, bajó un poco la cabeza para observarme y decirme que mi familia me estaba buscando y que no les debería de causar preocupaciones, dicho eso se dirigió a su casa con su paso suave… sin apuro alguno,…y sin apuro alguno yo también hice mi retorno a mi casa.



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