martes, 5 de enero de 2010

El Anciano: "Paz, equilibrio y sanación"

Mañana fría “Huaaaaaaaaammmmm” y el sueño que no se me quita, siendo el menor, soy el designado para las labores que los demás no quieren hacer…
“¡¡¡¿Y si lo mandaban al perro?!!!” grite con la cabeza levantada y con los ojos cerrados mientras seguía caminando por la calle de tierra.

La tarea era simple, ir a comprar pan, así que mi rumbo era para la vuelta de la esquina, a la tienda de la señora Carmen.

El sol no daba en su totalidad a la ciudad, y a penas se le veía en el horizonte, por lo que me acerque un poco al bosque, alejándome de mi trayectoria, tratando de alcanzar algún rayo del sol y calentarme con el.




Llegué a la esquina y vi al anciano en su pórtico de madera, sentado sobre sus pies, en esa posición en la que a veces muestran a los calvitos del Tibet. Me acerque a verle mejor y noté que estaba con los ojos cerrados, “vaya forma de dormir” dije  murmurando suavemente, me acerqué un poco más y vi que sus dedos se chocaban como me enseñó en una noche pasada, “que estará transmutando” me pregunté.

“No, fíjate bien que dedos son” dijo serenamente el anciano,  yo sorprendido por su respuesta, me acerque y vi que eran otros dedos, eran el índice y el pulgar los que estaban juntándose.

“Uniendo esos dedos, logras el equilibrio, la sanación, la armonía y todas las facultades del rayo verde” me dijo.

“aaaaa” con mis ojos tratando de atrapas las ideas… y luego mi silencio.

“Apresúrate” dijo, “¡cierto, el pan!  ¡Waaaaa! Me retiro, hasta luego” me despedí del anciano y me fui corriendo, pero en el transcurso junté esos dedos, y solo me sentí paz.

“Si hay aves mensajeras, el perro podría hacer delívery”

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