domingo, 18 de abril de 2010

Tu Sonrisa


Mente perdida como cualquier día, fui siguiendo el rumbo para el inevitable encuentro al trabajo que, últimamente se me hacia cotidiano. La mañana nublada, la rala neblina con su vientito helado que instaba a no dejar espacios en el vestir, los abrigos en todas las personas, las infaltables gabardinas negras y para evitar la humedad, andar con la cabeza baja. Entre los tantos pensamientos no diferenciar la vista de la imaginación, toparse con un rose que da el freno que permite levantar la mirada para ver que sucede.

Los alrededores se escondieron, solo mis ojos se posaron en ella, rostro blanco bien decorado por los artilugios del maquillaje, labios rojos carmesí muy acordes con su vestido de gala totalmente brillante que, no opacaba a aquellos aretes plateados con sus gotitas de cristal, reflejaban diversos colores de la poca luminosidad de la mañana.

La súbita impresión no me dejo pronunciar algo decorativo para compensar la grata que me diste con tu sola presencia. Tu sonrisa viendo a un niño absorto, y no era para menos aquel tropiezo me saco de todas las tensiones apabullantes de estar inmerso al mundo, aunque sea por unos segundos dejar permitir la alegría y responder con otra sonrisa, de esta pequeña algarabía esbozar las palabras:

“Perdone usted doncella, que el viento no os cubra con su neblina, fíjate del toque de frío que nos alza fuera de vuestro castillo”.

Las cosas se dan por algún solo esbozo que permite alzar el vuelo, tu sonrisa valió una vida, los segundos incontables de ese y todos esos momentos que sorprenden y te dan un mayor sentido para continuar en los días.

Sin esperar ninguna reacción de tú parte, me quite mi saco y te lo coloque, tú un poco asombrada no dijiste nada, aun continuaban las sonrisas y el ambiente era el mismo, el viento con una ráfaga más helada movió tus brazos para acoger el gesto y dar las gracias.

Me dirijo a una exposición de arte, hoy es mi gran día. Me dijiste.

También me indicaste el lugar, quedaba a unos 20 minutos caminando, yo sin duda te dije.

A que bueno, te acompaño para protegerte, y que llegues igual de radiante.

Ella agregando algo pícaro a su sonrisa, me miro queriéndome decir con sus gestos ¿y tú te cuidas de ti? Le devolví de igual manera la picardía en los gesto queriéndole decir “se dará lo que queramos que se de”. Le tome la mano y empezamos a caminar hacia su exposición. No nos importaba nada, nos sentíamos cómodos el uno con el otro, nuestros ojos sutiles vistazos daban mientras los pasos relajados y pausados nos permitían contemplar el todo, mientras cruzábamos algunas palabras.

Dos pequeños ajenos que comprendían que de cada día se arriesga algo de alegría, que tal vez habíamos pasado por mucho y que estos acontecimientos pequeños no deberían de estar marcados o restringidos por estereotipos ni por ningún tipo de limitación, No éramos enamorados, nunca nos habíamos visto antes, pero, la conexión desde aquel día fue tal, que compartir vivencias de varias índoles serian agasajos de cada día y esto me deleitaría aun más con…

.. tu sonrisa.

2 comentarios:

  1. Voy a estar colocando mis relatos publicados en "Historias", blog llevado por Myself, y que me dio los animos para entrarle en este mundo... por lo cual le estoy muy agradecido.

    Este relato fue bien acompañado por la canción "Lady in red" de Chris de burgh.
    Vaya... recuerdos... animan...

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  2. si.. ya se me hacia curiosa la foto.

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