viernes, 28 de mayo de 2010

Ultimo Aliento. 1

Empuje bruscamente su puerta de su casa, que por suerte estaba abierta, ingrese corriendo y vi que todo estaba oscuro. Giré varias veces buscándolo, pero no tuve respuesta. ¿Dónde podría encontrarse el anciano? Me pregunte varias veces tratando de buscar alguna idea acertada. Fuertemente grité -¡Ancianooooo, ¿donde estas?!- Sin tener contestación alguna.

Salí de la casa tan rápido como entre, me dirigí cabizbajo y aún preocupado hacia la casa de mi amada y estando ya por entrar me di cuenta que alguien observaba desde la otra calle a la casa, volteé y me sorprendí que era el anciano. Me acerqué corriendo a él y le dije increpándolo:

-¡¿Donde estabas anciano? Alirssi esta enferma y no hayan la forma de curarla!
Terminé de decir eso y lo abrasé desconsolado esperando una respuesta optimista o quizás solo un apoyo.

-Si, lo eh sentido, y muy probable que no puedan hacer mucho, pero no va a morir, no te preocupes por eso. Me dijo mientras me frotaba la cabeza. – Estos días debes rezas mucho por ella. Tengo que retirarme. Mañana o pasado veamos que tal va su recuperación.

El mundo y sus complicaciones, los bandos y sus acciones, actos que no respetan ni a niños por conseguir sus fines. La noche se acerca y para mí, pueda que sea interminable. Pensaba el anciano mientras se dirigía a su casa.

La puerta de su casa estaba totalmente abierta, pero ingresó sereno, sabía que era por el ingreso del niño en momentos antes. La casa se encontraba tranquila. El anciano se dirigió a su sala, se sentó, cerró sus ojos y respiro profundamente por varias veces. Su cuerpo quieto ahí sentado sin mayor peso se levanta y a la vez no lo hacía. Una estela de su cuerpo con su misma forma se encontraba de pie frente a él, esta imagen, que también era él, empezó a flotar para luego volar y salir de la casa, dejando a su cuerpo físico en ese sillón clásico y antiguo como él.

Voló hasta la casa de Alirssi, la amiga del niño, y se quedó viendo por unos momentos lo pálido que se encontraba aquel cuerpito que estaba siendo atendido desesperadamente por su mamá que trataba de bajar la fiebre.

Todos poseemos siete cuerpos, entre los que esta el cuerpo físico, el etérico, el astral…. El anciano cuando se encontró con el niño, había notado que la pequeña carecía de uno de sus cuerpos: el mental. Esto conllevaba a que ella tuviera los siguientes síntomas:
-Perdida de la memoria
-Falta de concentración mental
-Agotamiento
-Falta de dirección ó ubicuidad
-Comportamientos autistas y tendencia a la depresión.
-Falta de energía.
Pero algo más estaba pasando… Su aspecto pálido y nauseabundo, y la misma fiebre no concordaban con lo de su pérdida de su cuerpo mental. La miró detenidamente y vio como había unos seres oscuros amorfos en el interior de su cuerpo, dando vueltas en su pecho como peces en un acuario. El anciano saco su espada plateada de energía azul de las huestes del Arcángel Miguel, y pidiendo permiso al íntimo de luz de la niña empezó a realizar un conjuro para apartar, confundir y alejar a aquellos seres. Hizo tres círculos con la espada flameante de azul en alto: el primero en el nombre del Padre, el segundo en el nombre del Hijo y el tercero en el nombre del Espíritu Santo.

Dijo su conjuro y al terminarlo la niña se encontraba completamente cubierta del mismo fuego azul que el de la espada, los seres negros amorfos que en su interior se encontraban, empezaron a moverse más rápido, entraron en agonía y trataban de salir, pero a la vez se aferraban de la pequeña para no salir, cada vez se aferraban tomaban por momentos una forma humana y por otros momentos forma de serpientes…. Ellos no pudieron soportar más, y como si el mismo fuego les estuviese quemando, salieron disparados hacia el techo de la habitación, traspasándolo y continuando hacia el espacio. El anciano en su cuerpo astral se mantuvo viéndolos a través de las paredes, hasta verlos desaparecer en el oscuro cielo salpicado de estrellas…

Enfundó su espada en su espalda, miró nuevamente a la niña, que empezaba a respirar tranquilamente, tomando nuevamente su color normal de piel y poco a poco disminuyendo aquella fiebre.

El Anciano se fue elevando hasta salir de la casa de Alirssi, miro preocupado a toda la ciudad, miro los cerros a la distancia, las ramas de los  árboles que se movían con el viento, las estrellas que parpadeaban. Sabiendo que esto aun no acababa, observó el horizonte norte para luego dirigirse por ese rumbo.



2 comentarios:

  1. ??? :O ???
    :( ??? :S ???
    :( ??? :O :O :D!

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  2. ^^! jejejeje. creo que fue un poco pronto mandar esto, pero despues vendrán las aclaraciones... ^_^

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