sábado, 19 de junio de 2010

Ultimo Aliento. 4


La habitación a medio alumbrar por un foco blanco tenue, la niña recostada en una cama de piedra verde muy oscura. El anciano se aproximó a la ella y vio los grilletes sujetándola el tobillo izquierdo. Colocó un poco de tierra en ambas cerraduras y con sus dedos medio y anular apuntando hacia ellas empezando a desplazar energía, haciendo que los grilletes se abrieran.

Era el momento de partir sin dejar que algún ojo los vea. El anciano, ahuyentando las dudas e insertudumbres de su mente, concentrándose en sus actos, adelantándose a los caminos por tomar, sintiendo a los que pudieran caminar entre los pasajes… y volar al desplazarse…

Cargándola en sus brazos empezó a salir de esa celda sin lograr notar al vigilante de mente dormida, de pasos inertes, ojeras pronunciadas, pelo maltrecho y fachas descuidadas. Uno de los que eran controlados para hacer de sirvientes y en este caso, de vigilante.

El vigilante les miró directamente, sus pensamientos eran lentos y antes que lograse captar bien lo que pasaba, el anciano logró introducir pensamientos a esa, su cansada mente. Es fácil dirigir los pensamientos cuando se anda débil. Por este mismo motivo, la gran debilidad de este agotado vigilante, fue que el anciano no captara su presencia.

El vigilante cayó al piso, tendido a un descanso, a un largo sueño…

Salieron del ese sector. El anciano más cauteloso, aumentó su concentración al camino, sintiendo los pasillos y corredizos oscuros por los que se debía de pasar, siguiendo por donde nadie habría ni nada les pudiese detectar, pero las rumbos no siempre suelen ser los previstos… el camino más seguro resulto darse al encuentro transversal de una habitación repleta de aquellos no humanos… El anciano mantenía su tranquilidad, se detuvo metros antes de esa habitación, sostenía al cuerpo mental inconciente de la niña, un instante, un par de vidas y el mundo que continuaría como todos los días… como si se pudiese respirar, como si el mundo se pudiese concentrar, como si todo te empujase a avanzar con seguridad y pasar lo que se haya de pasar con la debida voluntad. El anciano como un aliento tomo fuerzas, todas sus fuerzas de su determinación para dar ese último avance y pasar sin dificultad. Con su velocidad y su falta de presencia lo logró pasar y llegó a la salida sin dificultad.

La ligera luz del sol cantaba el amanecer a lo lejos. El camino de regreso viene y todo salió con éxitos… El rumbo a casa no fue tan rápido como la salida de la cueva, la tranquilidad después del suspenso de lo posible y lo no posible… El vuelo fue en lo más alto del cielo, cielo despejado al comienzo, con unos cirros en el transcurso y al final encontrarse con el alfombrado de nubes bajo de ellos, con ese algodón blanco que se notaba aún gris por la falta de luz. A pesar de todo, se sentía la frescura y la tranquilidad del mundo. Ir bajando de altitud, atravesar aquellos cumulonimbos que tapaban su ciudad. Noche con fuertes lluvias que ahí se vivieron, ahora apaciguadas… Llegar hasta la casa de la niña, ver a la madre dormida al costado, sentada en una silla… Depositar su cuerpo mental en su cuerpo físico, concentrarse un poco para alinear todos sus cuerpos y marcharse a su casa.

Un viaje sin problemas, un retorno tranquilo, pero…, sin percatarse que un observador se mantenía en las sombras viendo su transcurso que hicieron de regreso a casa.

Fuente de imagen: 
Frontera Argelia - Tunez   - Rakel MMR

2 comentarios:

  1. Un poco de trama que, se me extendió más de lo que esperaba y quizás debió ser más, pero creo que con esto basta...

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  2. Me sacastes uno que otro suspiro al igual que viajar por aquella prision jeje.. Siempre es asi... Excelente ;)

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