sábado, 3 de julio de 2010

Ante el forastero


La tarde seguía cayendo para que la noche diese su rutinaria entrada.
El anciano caminando por la ciudad después de haber hablado con la princesa y el caballero… Su rumbo era fijo, su cuerpo se detuvo frente a uno de los callejones oscuros y precarios, miró entre las sombras y dijo con su pasividad:

-¿Qué tienen contra la niña?

Aullante negrura, afilada desde sus entrañas hasta su salida de su garganta… Un tipo de gabardina oscura y con sombrero de un negro más implacable. Era el forastero de hace un tiempo, aquel que producía gran temor al niño, aquel que el anciano conocía desde tiempos antiguos.

-Sabes bien que las personas tienen diferentes funciones. La niña en su futuro lejano tiene mucho por hacer, en su futuro intermedio habrá de haber despertado a muchos en su camino y antes que eso, en su futuro próximo va a despertar a pequeños gigantes que andan cerca suyo… pequeños gigantes… igual que ella… que vienen con claves despiertas en su interior, pero, los que ofrecimos dar el todo por la continuidad y el séquito por el equilibrio en el universo… que no debe variar por algún brusco avance del colectivo humanos… al que vamos nublando…
Yo soy uno de los encargados de esta ciudad, la que quiere escapar de las manos… La niña no sé por qué razón esta despertando,…Decidí hacer algo… Envié a unos raptores por su cuerpo emocional, al que liberaste y vi cuando lo sacaste… pero creí que tú no me habías notado… me equivoqué… sigues con tu nivel mi viejo amigo.

El anciano con sus manos en los bolsillos, viéndole a los ojos al forastero le respondió.

-… ¿Hasta cuando seguirás apoyándolos?...
-Yo mi camino, tu el tuyo…
- jajaja, el anciano soltó unas cortas carcajadas y le respondió. – Tu… siempre sin complicaciones.
- Si y por eso no te molestaré ni a ti ni a tus conocidos, así sean peligrosos para sus fines… Saco un cigarrillo de su bolsillo y fósforos del otro, lo encendió tranquilamente y termino diciendo mientras regresaba por el oscuro callejón. – Tranquilízate, pero nunca bajes la guardia, que yo no soy todos…

El anciano le siguió con la mirada hasta perderlo entre lo inmerso de ese negro sendero, volteó sobre sus pasos y retornaba a su casa.

Pequeño puede parecer el mundo, inmensos pueden verse cada uno de las sendas, las aflicciones a las ideas exprimiéndolas hasta verlas decir que si puede ser la correcta, al final de cuentas… son solo roces de lo cierto, voces que vienen para sentirse sólidas y verdaderas…

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