viernes, 22 de octubre de 2010

Alimento- Del sol



La noche nos cubría. Abrigados llegamos hasta la casa del anciano, y desde el techo de su casa, mirando el horizonte el cielo aclarándose con el paso de los minutos, la línea de luz apareciendo a la distancia y expandiéndose hasta el infinito.

Los rayos que se nos acercaban y el viento helado que se atormentaba en esos segundos que de luz todo se llenaba.

-Miren directamente a sol, hablen con el mentalmente, salúdenlo, denle gracias por brindarnos su luz, sus rayos, su vida. Pídanle que nos acompañe en el día y que sus rayos no nos hagan daño- Dijo el anciano tranquilamente con su mirada al horizonte al igual que nosotros.

Yo y mi hermano seguíamos atentos a la salida del sol con nuestros ojos y con nuestros oídos a lo que decía el anciano.

-Los rayos del sol activan nuestro sistema a través de nuestros ojos… y nos recarga de energía como a las plantas, pero a la falta de costumbre, solo deben de hacerlo por segundos y máximo hasta una hora después de salir el sol por el horizonte y una hora antes que se oculte en el otro… Amanecer y atardecer… Hoy solo verán 15 segundos, mañana harán 20 y así hasta los 10 a 15 minutos-

El sol terminó de salir, lo vimos y vimos como era de redondo y que alrededor de el habían luces que lo cubrían, como si fuera un escudo emanado por el a su alrededor, un escudo que cambiaba de forma.

Pasaron los 15 segundos y no queríamos de dejar de ver al sol, pero fuimos tapados por el cuerpo del anciano que nos indicó que ya era de que bajar.

-Nuevamente estamos retomando lo perdido, eso que fue practicado por civilizaciones antiguas que aunque lo intenten tapar, ellos estaban mucho más avanzados que nosotros… ya se darán cuenta con el tiempo, ahora a continuar el transcurrir del día- y cada cual a sus labores.


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