jueves, 17 de marzo de 2011

De un pueblo


La lluvia caía sobre la pista y las veredas con su canto al salpicar, mis pasos tranquilos y mi cabeza algo baja dan rumbo a aquel pasaje de mi vida que marco otras…

Estoy en un pueblo de casas con paredes de adobe, techos de paja y calaminas, con gente tranquila y alegre. Estoy caminando porque no tengo nada mejor que hacer en esta tarde gris llorosa. Mis pasos siguen y las casas van haciéndose más distantes entre ellas, al igual que los cerros que las rodean.

La lluvia era casi implacable y pese a que yo me sentía tranquilo, había algo en el ambiente que estaba por dejar de contener su tranquilidad… 

El camino seguía alejándose del pueblito al que fui a parar en esta fecha… una casa más que estoy por pasar en unos instantes. Una casa bajo un cerro que soltó aquel bloque de tierra con agua… La casa con sus tenues luces dejó de ser en su mitad…

Rápidamente fui a auxiliar a las personas, entrando con cuidado entre el barro espeso para sacar a una persona que se encontraba con su mano a medio salir de tanto fango, era una chica de unos 20 años, con traje típico del lugar, la logré sacar y a los instantes abre los ojos, mira a su alrededor y grita preocupada -¡Mis hermanos! ¡Mis hermanos!- mezclando con palabras del lenguaje natal de su pueblo al que no entendí…
Miré rápidamente por donde podrían estar entre tanta tierra… -¿Cuántos son?- pregunté

-Son dos- me dijo mientras se incorporar para saltar a escarbar en la tierra y a levantar calaminas.
Yo cerré mis ojos y respiré profundamente para sentir por donde estarían y lo logré, los sentí a unos metros, me acerque caminando con cuidado y empecé a remover el lodo con mis manos hasta llegar a unas calaminas, las levante y ahí se encontraban los dos chicos que estimo tenían alrededor de 13 años. 

Se acercó su hermana y me ayudo a sacar todas las calaminas y escombros. Ambos chicos estaban desmayados, con una respiración lenta y uno de ellos se encontraba sangrando de la cabeza. A pesares les fuimos llevando al pueblo, entre hombros y casi arrastrándolos avanzamos sin detenernos con los pasos sobre el fango… 

La oscuridad en el puesto de salud, una enfermera asustada, ausencia de doctores, la lluvia en crecida y yo… con una preocupación en la mente, admito que no tenía muchas intenciones de hacer mucho hasta no ver que dieran todo lo posible... sin conocimiento exacto de sus creencias…

Los recursos y alternativas en el lugar se agotaron… Simple pensé… ahora me toca. Hay varias formas de sanación que puedo emplear, y en la que más confió no la podía emplear en la herida de uno de los hermanos. 

La energía verde esmeralda, un recurso que varia en su efectividad según  como la aplique... según como me sienta y piense… La habitación la inunde con esta energía, las preocupaciones sesaron a los instantes y yo ahí, apoyado a la pared…

El sonido de una camioneta logró terminar de traer la tranquilidad, porque en ella llegó un doctor… vio al pequeño y felicitó a la enfermera por su trabajo, los niños abrigados estaban descansando en las camillas…
Hoy, como casi siempre en mi vida, avanzo tranquilo… me retiro de este pueblo y continuo mi camino al siguiente lugar que me corresponde. 


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