miércoles, 29 de junio de 2011

Vidrios de Tarde


En un despido de palabras sueltas, extraídas de lo más profundo de mis sentimientos enredados por ti, recónditos los muy inciertos… Te dejo antes de entrar por la puerta que cierra mi vela a ti. Te miro en mi último intento de guardarte en mi memoria y veo tus ojos lloros en tu rostro cabisbajo. La mañana fría llega a la hora de dejarnos ir… el día pesado se vuelve difuso siendo tan breve y tan extenso… Yo solo pienso en ti…

Tropiezo y vuelo ante los perceptibles ojos que sueltan las bromas que se manejan de ida y vuelta; la experiencia me permitió dirigir. El sol quema retándose a hacerlo con mayor ímpetu día tras día…

“¿Habrá rodado alguna lágrima de tus ojos?” pensaba y pensaba esperando llegase la tarde, intentaba concentrarme en el trabajo, lo hacía a ratos y por momentos continuaba surcando en pensamientos… por ti…

…No contábamos con nuestros sentimientos y sus expresiones…

La esperada tarde vino suave y tibia, parecía tan frágil que te percibí en ella, en esta tarde me dirigí a ti, a tu casa de ventanales con el punto blanco luminoso dando a toda la calle por su reflejo…. No te distinguí ahí, detrás de esos vidrios. Llegue y toqué la puerta dos veces como era mi costumbre, escuché tus pasos bajar rápidamente y así abrir apresuradamente…

-¿Qué te hizo tardar tanto?- preguntaste abrazándome…

“Es el tiempo que suelo demorarme en llegar” pensé apretando tu cuerpo al mío con mis brazos.

…Los detalles observados, se aglomeran y salen como hechos fuertes y no como las pequeñeces reales que fueron, idiosincrasias de cada quien…

…El temor de dar el todo y el perderlo todo…

…Intriga por la falta de confianza…

“¿Cómo es que empezaste a increpar? ¿Cuál fue el último desequilibrio dado por el miedo que te hizo decir tanto desvarío?” tratando de ubicar la frase o palabras que te impulsaran a sacarme de tu casa… Nada tenía sentido, traté y traté de hacerte explicar bien el problema… pero nada… solo decías  -VETE-

Ira desquiciada, vienes y la atrapas, la devoras en ti y le alzas su brazo para tomar sus adornos para lanzármelos… Fallidos intentos que terminaron en romper los ventanales…

Me retiré de tu casa desconcertado… volteando para dar la última mirada a ese vidrio roto… en esta tarde perdida…

Suelto el suspiro, sintiendo lo perdido… y sigo… quiero reaccionar… pero por hoy no deseo intentar entenderte, no es el momento…

-Mi pequeña, ¿Qué es lo que pasó?- te pregunté cuando llamaste a los dos días…

-La tarde sin ti está fría. Lo pienso y lo pienso y no sé si será cierto lo que ella me dijo de ti. No sé qué pensar…-

Te pedí que me contaras pero dijiste que no… Me dirigí a tu casa y te vi ahí, tras tus ventanales, con las luces de tu casa tras de ti, con el sol ocultándose, casi sin verse…

Aquella tú amiga, la que solo vi un par de veces: una cuando me la presentaste y la otra cuando nos acompañó a almorzar porque no quería estar sola. En verdad me sorprende como las emociones pueden hacer actuar de tan mal manera… Entre lo que me contaste que te dijo, fue que la acosaba y todas las implicancias de ello…

Hablamos y todos sus dichos no encajaban por ningún lado, momentos que estaba contigo ella decía que la perseguía. Se aclararon tus ojos y la situación, nos dábamos confianza apretándonos las manos, tratando de jamás soltarnos…

Dichos y dichos, los supuestos y las malas intenciones, extraños pensamientos y costumbres tomadas por la gente… En esos momentos quisiera encontrar un mundo diferente, mucho más consiente…


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