lunes, 15 de agosto de 2011

Deicidio



…Noche, estoy en mi libertad de tener todo, nada me detiene y el mundo es mío…
La ruta de su travesía lo conduce junto con sus amigos a tomar en esa camioneta totalmente negra, con sus lunas oscuras reflejando como espejos al exterior. Los rostros aprovechan para verse en su incertidumbre de los internos, de la variante de las acciones para el camino del destino.

…Noche, todos están tranquilos en un día festivo, singular vacio de actividades y del sentido pintado de desvarío…
El alcohol entrando por las gargantas trastornadas del éxtasis y otras substancias tragadoras de conciencia, entre el “¡salud!” y la carcajada que rimaba con la música no muy alzada. Nadie se inmuta en sus costados.

…Noche, se aprestan a caminar al lugar que escogieron, las presas féminas que en su imaginación se presentan…
Dejaron la camioneta negra esperando en su lejanía del lugar, caminaron turbios y serios, con el pedante semblante que en sus quijadas altaneras se mostraba, su paso se obstruyo y alguien impide su avance. Su reclamo se muestra y prepotentes amenazas ensañan con su eco en las paredes blancas, Todos miran a los personajes alterados y al de seguridad bien plantado.

…Noche, la extrañeza de las mentes es tan errante como las situaciones que el mundo propicia con la avaricia y sus otras cintas con las que domina…
¿Qué es lo que buscas cuando sonríes? ¿Qué hace tu instante tan lleno que sueltas risas? …y ves que todo está bien… Tu noche se acaba, tus horas de trabajo de guardia toman su fin y es hora de regresar a casa, descansar y esperar al despertar a la mañana.

…Las suplicas que puedan tener en el fin de sus años, cuando tengan que rendir las cuentas de sus actos… En esta noche ven lo que hacen…

…Noche, fiel testigo de los perdidos…
Él sale como es de costumbre del local al que tiene que cuidar, su amigo lo acompaña. Ellos en la carroza de negra muerte avanzan lentamente, acechándolos en sus pasos, los espejos bajan para mostrar las armas que cobrarían la extraña represalia. Las calles inmutadas de la soledad de las horas. Sus pasos fríos no sintieron y cayeron; Unos gritos irrepetibles indicaron su muerte, seis balas fueron las que se insertaron desde la cabeza a los pies del que no tuvo ni tiempo para dar la despedida de las personas que lo esperaban en su casa, de la chica con la que compartía su vida…
Fugaz e impune queda esa herida; parte de las mentes corrompidas, tan desperdiciadas como las mismas vidas que llevan aquellos sonámbulos.

Que la turbidez del mundo no te tome, que tu mente no deje de pensar y no te dejes arrastrar por la sociedad que te puede llegar a inutilizar, aprende a utilizar tu potencial y no hagas caso a la indiferencia, que el mañana depende de lo que hagas ahora.