jueves, 27 de octubre de 2011

Por tu miedo a mi, lejos de ti


De las luchas infranqueables me topo con la fatal que mitiga con desdicha al transcurrir de mi vida. Una lucha que esta tan constante y cizañarte que mata la lucidez de mis pensamientos certeros, que mofa la veracidad de mis ojos sollozos con templos dolosos y muy lejanos de ser dadivosos, estancando mi conciencia en la vivienda de una soledad inclemente.

De vasallos te colmas la escolta de tus días; las sirvientas que te cubren a mis ojos que te buscan, de la distancia que aparta la fragancia de tu piel que nunca se podrá tener,… la piel como gracia de luz palpable tan delicada y colmada de pétalos de rosas blancas…

El que fue tu héroe, sin mezquindades ni trabas superfluas, las tan inverosímiles e infaltables reposante en el día oscuro sobre las dunas grises saladas, la furia que emanaba del fuego de los alientos hambrientos, los que dejábamos en los caminos, en los montones dejados para el corroer del tiempo… Fui tu héroe sin intención alguna, soy el que cumplía sus responsabilidades y en esta misión, apoyar a la guardia real. Lejos de ser mi función, romper lo prohibido. 

La tarde angustiada viendo lo venidero.
La tarde desconsolada ante el llanto sabido 
La sangre con sumidero de arena
La sangre brotando al roce de la espada con gargantas
El frío del viento bañando al ambiente
El frio de cuerpos caídos e inclementes

Feroz batalla entablada en minutos, a mitad de nuestro trayecto, sagaz la vista que fijó el objetivo de protección. Miras estremecida  por el resquicio de entre las telas coladas por el  desliz de una espada. Del disturbio caes fuera de tu cubículo, descubierta a los ojos rojos, te visualizan, eres su presa, doloso sus movimientos para su cometido, pero… aquí todo vale. Tu guardia se perdió al cajón del olvido, yo salto por ti y te tomo en mis brazos fijándome solo en salir para estar lo más lejos de aquí.

“¿Por qué este aroma tan suave y dulce existe en momentos tan furiosos como esté?” pensé mientras me movilizaba entre los árboles algo distantes. “Cómo es que se permite deleitar mis sentidos entre las almas muertas”. A una distancia confiable me detengo y te dejo en el piso, miro alrededor y no hayo enemigo, pero, no me puedo confiar, ahora, la vida de la princesa dependía solo de mí.

Los días para llegar al castillo son dos, el crepúsculo se vierte tierno para llamar al sueño. Ella descansa pero ese no es mi lujo, mis ojos atentos observan mi cuerpo no se queja por estar acostumbrado a las penalidades impuestas sin que escoja por voluntad.

Limpio el sangrado de las pequeñas heridas dejadas, marcas que quedarán…  “Hasta en la batalla más suave se puede morir” me dije al recordar otras más arduas; en la confianza se puede hallar a la más fiera aliada, pero también a la más peligrosa alimaña que jala para estrangular de la forma más inesperada.
Empieza el primer día de caminata, la princesa aún asustada se levanta y me haya arrodillado a su mandato. 
Un sonido suave; un canto que sale de palabras habladas.-Tenemos que llegar al castillo- dijiste en forma tímida pero con decisión.

-Princesa, la noche está cayendo- Te dije tranquilo.

-¡No, vayamos!- 

El viento no dejaba de soplar; las ramas de los árboles no dejaban de sonar; la luna, exquisita ella, alumbraba tenue…

...Me levanté luego de la venia afirmativa…

…Luna, la tan variante por sus cómplices, los árboles, avancé los tres primeros pasos y me cayó tu brillo. Los ojos de la princesa se asustaron al ver el pintado por el rojo de los chorros de sangre vertidos en mi, indistinguibles a tus ojos te causaron preocupación, la que hice que no tuvieras porque no deberían de estar, yo no había sufrido herida alguna, solo llevaba el desgaste de la pelea, tu tomaste mi mano con tus manos y me pediste disculpas y soltaste el llanto. Las expresiones de gracias te acomodaron en mi pecho, pero encontraron a un el frio de mis movimientos estáticos, te avergonzaste y regresaste a apoyarte al árbol, arrepentida pediste disculpas nuevamente; extrañada por el mundo, empezaste a decir tu apreciación de la vida y tu incoherencia a mi estilo de vida, al por qué de las peleas, al por qué sacrificar vidas para salvar otras, al por qué disponer mi vida para salvar la de ella.

Te di mis respuestas que fueron tan extensas como la noche interminable rodeada de nuestras palabras; entre palabras cerraste los ojos y dormiste por el tiempo de un parpadeo. 

Truenos con chispazos y sin lluvia, espadas salpicantes de fuegos extraños al chocar alumbraban el lugar, cuerpos quemando con movimientos rápidos… sin voces de personas, solo el chillar del metal… sonidos de dragones que emanaban de ellos, los que peleaban con las bocas cerradas; imágenes de dragones que fueron tomando forma en su entorno a ellos, y un céfiro imponente que la empuja con furia; los sonidos de dragones sonaban en sus odios; un rasguñar como de finas navajas ardientes en su piel; imposible que ella no tuviera miedo, ardiente su garganta al respirar ese rasguñar hasta sus pulmones. Ella con los ojos cerrados se acurrucaba asustada cubriendo sus oídos y ocultando su cabeza…

…Un estruendo retumba la tierra y las sombras se posesionan con la sensación que nada queda… 
…Los pasos pesados sobre el pasto, el arrastrar la espada cortando la tierra…
…Era yo el que sobrevivió a la pelea, al que verías y temerías posiblemente, por el resto de tus días…

…Y yo seguiría en esta vida de guerrero, con armadura verde esmeralda, con los objetivos claros y con la fe de poder cumplir con mi misión de protección, pero lejos de ella…



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