lunes, 3 de octubre de 2011

Tu mayor enemigo



…Un nuevo día y al colegio como de costumbre...

Me sentía inusualmente taciturno, lejos de todos…  una señora que caminaba a mi par, me miró, me sonrió y se me acercó. Era la mamá de los amigos de mi hermano, ahora todos trabajan, pero ella sigue como si no pasaran los días.

-Se te nota triste- me dijo un poco seria y continuó – Seguro que es por una chica-

…Inmediatamente mi rostro se torno colorado, me dejo boquiabierto y sin respuesta…  Ella volvió a mirar y antes que dijera algo más, salió mi respuesta -No- de mis labios -No, es que no tengo ganas de ir al colegio-

-Pero tienes que ir, para que puedas ser profesional y desenvolverte bien en la vida- me comentó cuando llegábamos a la esquina. Junto a nosotros se detuvo una señora aún más mayor, con andar lento y con una apariencia de estar ajena a todos y a la vez pidiendo por ayuda. Era momento de cruzar, “Hay que hacer algo” pensé con la intención de ayudarla a cruzar la calle, me quede quieto y la primera señora me jaló de la mano y me dijo -No vayas a llegar tarde al colegio. ¡Apresúrate!- Yo la vi con la intensión de decirle “ayudemos a la señora de nuestro costado”, pero mi silencio reinó… 

Mi mente, las ideas en ella las sentía extrañas, entre confusiones o exclamaciones, pero ahí quedaron. 

Llegamos a la esquina de mi colegio y la señora veedora de mi camino se despidió muy cortes mente, estoy aquí y por entrar por el portón y giro mi vista para mis pasos dados y vuelvo a ver a la señora mayor, nuevamente, a mis ojos, con problemas de cruzar la calle. “Debo entrar, porque si no voy a llegar tarde y me van a castigar” pensé con mi primer paso para pasar el famoso portón que separaba al colegio de la calle, donde en algunas ocasiones nos trepábamos en nuestros juegos en las salidas, donde él observaba a tantos entrando y saliendo, guardando en sus trazos de madera los días de llantos y abrazos con los días nuevos o los días viejos, los nuevos que no querían dejar a sus padres y los de celebraciones por victorias personales en las notas o en los mismos concursos y campeonatos.  

…En mi primer paso se detuvo todo…

“¿Por qué no la ayudo?”  me dije en mi cabeza…  no hice caso y di el segundo paso, y el tercero… me puse en tela de juicio lo que está bien o lo que está mal. Di un paso en contra, intentando regresar, pero sentí que todos me miraban, que estaba mal lo que iba hacer porque llegaría tarde al colegio, sentía las miradas de todos culpándome y en el furtivo mirar al pórtico, había una señora delgada bien al terno, “Si, de seguro también me ha de estar viendo mal” no quise verle a la cara… -Estoy regresando al colegio, estoy regresando- dije suavemente y cabisbajo.

“No te venzas. Ve a ayudar si sientes que es lo correcto” susurró la voz del anciano en mi cabeza.

“¿Solo requería un empujoncito? ¿Afianzarme en mis actos?” pensé luego de haberme movido tan rápido como pude para ayudar a cruzar a esa señora mayor. Me siento alegre por lo que hice… estoy rumbo al pórtico y el silencio con un vacio se apoderaron de mi mente… Recordé las imágenes antes de haber ido a ayudar a la señora mayor; estando ahora alegre, recuerdo los rostros de los que me miraron y nadie me veía mal… 

El pórtico… cerrado… y yo atrás, con todos los que llegaban fuera de hora, esperando…
Pasaron los minutos y entramos en fila para el típico castigo. Miré al profesor auxiliar encargado de las sanciones, miré a todos resignados… y a la distancia la señora que se encontraba bien al terno, la vi bien y no era tan señora, ella con expresión tranquila, algo sonriente se acercó al profesor y dijo:

-Le están esperando en la sala de reuniones, apúrese que el director tiene que salir en unos instantes- 

Él con una regla de madera dándose en la palma de una mano, en son de espera a lo que haría.

-Pero apúrese profesor, que el tiempo apremia- le replico.

Giró hacia nosotros y dijo: -Hoy tendrán la sanción de la buena mano de la profesora, tal vez no la conozcan porque ella es nueva, pero van a aprender que ella sabe como poner en su lugar para disciplinar- tomó la mano de la profesora y en ella colocó la regla de madera, con la que la sentencia de la tardanza se daría, y hecho esto se retiró. Ella en esos momentos se le quedo mirando con una sonrisa…

Ella ahora con el poder del castigo, se acercó a mí,  a lo que pensé “¿Yo voy a ser el primero?, sabía que me tenía a mal desde el pórtico y sin mirarle en ese entonces, ahora… ella sonríe, será que disfruta castigando” me quede pensando viendo sus pasos.

 -Muy bien, hiciste bien en ir a ayudar a esa señora- me dijo dándome unas palmaditas en la espalda, separándome del grupo y diciéndome –Ve a tu clase y sigue progresando- ella volvió a girar hacia todos y les dijo. 

-No es bueno llegar tarde a sus responsabilidades, ahora están en el colegio y es su responsabilidad responder lo mejor posible y así en lo que realicen y en donde estén, siempre háganlo todo bien. Mañana voy a estar aquí con el profesor auxiliar y ustedes estarán en sus clases, porque habrán de llegar temprano, ¿Verdad?-

Todos estaban sorprendidos, eso era totalmente inusual en mi colegio, ahí todos los profesores castigaban, desde el más antiguo hasta el más nuevo… 

…Nadie se movía, todos quietos…

-Chicos, sean responsables con sus clases, vayan a ellas- y todos corrieron sonriendo, aún sin quitarse la sorpresa..., me rebasaron y giré con ellos, tampoco lo creía… avancé despacio entendiendo el suceso, y las imágenes de cuando estuve en el pórtico regresaron, ella estaba ahí ... sonriendo, pese a que no la vi, ahora sé que estaba sonriendo y no como pensé en primer momento… 

En la entrada, todos estaban pensando en las clases o en que se yo, pero nadie me estaba sancionando, solo yo mismo, solo mi mente… Las palabras del anciano nuevamente sonaron en mi mente diciendo:

…“Uno suele ser su más grande enemigo”…
…”Primero tienes que vencerte a ti mismo”…


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