sábado, 12 de noviembre de 2011

Desde tu corazón y tu cuerpo


-¿Por qué?- le pregunté totalmente intrigado a mi anciano amigo 
-¿Por qué es que al juntar mis dedos pueden producir efectos en mí?-



La distancia en su mirada hoy algo cansada reflejaba un verde claro, un bizarro celeste y el blanco de las nubes del cielo.

-¿A dónde van todas tus intenciones una vez que las tienes?- me dijo pensativo 
-¿Por qué tienes facultades para obrar, conocer, amar?.

Esperaba una respuesta para satisfacer mis inquietudes, pero, me quedé pensando. “Si mis intenciones me mueven, mis intenciones van a mis actos… van a lo que deseo… y ¿Por qué tengo facultades para obrar, conocer y amar?... ¿Por qué?”.

El cansancio del día se retozaba en su postura algo retraída en esta tarde de cielo marino tropical, sin sus fuegos rojos, con suaves tonalidades azules… y con lejanas y tenues sombras.

-Recordarás a un gran maestro, que en retrato, nos saludaba con su mano extendiendo sus dedos pulgar, índice y medio, retrayendo el anular y meñique; nos mostraba más que un saludo, una bendición que emanaba desde su mismo corazón- Lo escuché recordando los dedos que juntaba.

-Somos la expresión de todo, y cada parte de nuestro cuerpo es una expresión de ese todo, así como también con cada parte expresamos lo que llevamos dentro. En tus manos puedes llevar la expresión de tu corazón; en tu dedo medio está el amor, rosado; en tu dedo índice esta la sabiduría, amarillo; y en tu dedo pulgar esta la fortaleza, azul. Los dedos que juntes crean combinaciones, de ahí que la energía transmutadora, que es violeta; o la energía de armonía, que es la verde, fluyeran por tu cuerpo-

“Cada dedo expresa una facultad”, miré al anciano y le señalé con mi dedo pulgar, el sonrió y me dijo –Aprendes rápido- e hizo lo mismo con su dedo pulgar.

El se levantó reanimado por mi apoyo azul, me dijo que la tarde se había despedido y que debiera volver a mi casa y así fue, regresé feliz de poder apoyar mis acciones e intenciones con mi cuerpo o por el momento, parte de el.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Vente danza conmigo



Todo empezó antes de la ceremonia de clausura, las bromas entre todos y las miradas que siempre tuvimos se plantaban con mayor tenacidad… el éxtasis por la sensación de aprecio, confianza, pasión, desafío, posesión, arrebato… y tantas otras flotando en el aire de nuestro alrededor. 
Extrañamente, después de haber compartido tantas vivencias con la gente del grupo, y posiblemente en mi júbilo, esas miradas las compartí con todas las chicas ahí presentes e irónicamente con ninguna sentía lo que por ti.
Terminaron las palabras de la ceremonia, terminó el brindis de honor y el coctel se acabó. “No me dejes de mirar” te sentí pensar… “Solo a mí, mírame solo a mí” creí era la intensión de tus manos que se abrazaban al mío, “sonríeme solo a mí” me pedía tu sonrisa cuando me veías.

“Tantos días han pasado y tantas horas que compartimos, ¿Ahora recién aflora lo que en intensiones mentales estaban en las tardes de carcajadas?” Pensé

-Recítame lo que leíste ayer, lo que le escribiste a ella- …me decía tu voz… la bien entonada, la suave y tibia que abrazaba mi oír y con ello a todos mis sentidos.

-Ven, bailemos… danza conmigo y no pienses en nada más mi pequeño perdido-

“Volemos juntos un rato” pensé sonriéndote.
“Aléjame de todo” sería la intensión de tu rostro al apegarse a mi pecho.

Nostalgia o alegría, qué es lo que viene en este abrazo suave y apretante.

…Retirar al mundo con una broma y soltarnos de risa…
…Bailamos y bailamos, bromeamos y reímos, poco hablamos… y la noche llego como si las horas fueran segundos.
Salimos todos del lugar. “Te invito a caminar” te dije con posar mi brazo en ti. El rumbo a nuestras casas era similar…

“Danza conmigo” te expresé con tomar tu mano y hacerte girar, con el sonido de los carros pasando y nosotros en la vereda amplia, la noche poco alumbrada y las casas con sus puertas cerradas. “Danza conmigo, que posiblemente esto se vuelva solo un sueño y tenga su despertar con el caer a la realidad, que esto, no podría ser” seguimos riendo y el hostigoso camino imita a las horas, se vuelven escasas y cortas.

El sonido de la puerta de tu casa nos alejó, las luces de tu sala nos iluminaron y tu hermanita que salía saltando para ir a comprar algo… Nos abrazamos fuertemente -Gracias, te quiero mucho- dijiste tiernamente apoyada en mi, -También te quiero pequeña- te dije mirándote a los ojos y acariciando tu mejilla; y el pensamiento de desafío por arriesgar una gran amistad que puede verse perdida en la noche trémula y algo escasa de vida en esa distancia con el paradigma por los planes de vida..