miércoles, 2 de noviembre de 2011

Vente danza conmigo



Todo empezó antes de la ceremonia de clausura, las bromas entre todos y las miradas que siempre tuvimos se plantaban con mayor tenacidad… el éxtasis por la sensación de aprecio, confianza, pasión, desafío, posesión, arrebato… y tantas otras flotando en el aire de nuestro alrededor. 
Extrañamente, después de haber compartido tantas vivencias con la gente del grupo, y posiblemente en mi júbilo, esas miradas las compartí con todas las chicas ahí presentes e irónicamente con ninguna sentía lo que por ti.
Terminaron las palabras de la ceremonia, terminó el brindis de honor y el coctel se acabó. “No me dejes de mirar” te sentí pensar… “Solo a mí, mírame solo a mí” creí era la intensión de tus manos que se abrazaban al mío, “sonríeme solo a mí” me pedía tu sonrisa cuando me veías.

“Tantos días han pasado y tantas horas que compartimos, ¿Ahora recién aflora lo que en intensiones mentales estaban en las tardes de carcajadas?” Pensé

-Recítame lo que leíste ayer, lo que le escribiste a ella- …me decía tu voz… la bien entonada, la suave y tibia que abrazaba mi oír y con ello a todos mis sentidos.

-Ven, bailemos… danza conmigo y no pienses en nada más mi pequeño perdido-

“Volemos juntos un rato” pensé sonriéndote.
“Aléjame de todo” sería la intensión de tu rostro al apegarse a mi pecho.

Nostalgia o alegría, qué es lo que viene en este abrazo suave y apretante.

…Retirar al mundo con una broma y soltarnos de risa…
…Bailamos y bailamos, bromeamos y reímos, poco hablamos… y la noche llego como si las horas fueran segundos.
Salimos todos del lugar. “Te invito a caminar” te dije con posar mi brazo en ti. El rumbo a nuestras casas era similar…

“Danza conmigo” te expresé con tomar tu mano y hacerte girar, con el sonido de los carros pasando y nosotros en la vereda amplia, la noche poco alumbrada y las casas con sus puertas cerradas. “Danza conmigo, que posiblemente esto se vuelva solo un sueño y tenga su despertar con el caer a la realidad, que esto, no podría ser” seguimos riendo y el hostigoso camino imita a las horas, se vuelven escasas y cortas.

El sonido de la puerta de tu casa nos alejó, las luces de tu sala nos iluminaron y tu hermanita que salía saltando para ir a comprar algo… Nos abrazamos fuertemente -Gracias, te quiero mucho- dijiste tiernamente apoyada en mi, -También te quiero pequeña- te dije mirándote a los ojos y acariciando tu mejilla; y el pensamiento de desafío por arriesgar una gran amistad que puede verse perdida en la noche trémula y algo escasa de vida en esa distancia con el paradigma por los planes de vida..


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