martes, 6 de diciembre de 2011

Lluvia en tu sonrisa


Qué encandilan tus pasos cuando todo parece andar mal y me llegan a convencer para mirar ahora que todo se ve bien.

Dime cómo haces para que todo siga así… Cómo iluminas en las penumbras de entre las lluvias oscuras. Verte sonriente y no podría ser diferente, en tu alegría todo está bien y… está bien… 

Nada toca en el mismo frio que se sintió… recuerdo cuando aplicaba eso, los días que eran más tranquilos y controlables, donde la contaminación no se adentraba en mi respiración, aquellas usuales veces sin incrustaciones de seres vecinos sangrando mis pensamientos. 

…Te miro en tu conciencia de estar bien y… estoy bien…

La tristeza tal pequeña piedra, sin obstruir el camino, ella… se duerme a tu sana vida, ella… deja de ser más que algo pasajero esporádico del entendimiento.

Sin vacilación tus ojos brillan hoy; cantas y ríes en tu coquetería. La lluvia en su frío te vio feliz hablando aquí, junto a mí…

Tus brazos sueltos recibían lo que venía del cielo, aquí, en la ligera caminata de días impensados, aquí, si, junto a mí…




Qué fantasmas te abrazaron cuando todo parece andar bien, y mirar ahora a la penumbra soltando  sus cantos y lograr tu mecer.

Dime que la alegría aún brota de ti, que ella no  dejó de ser parte de ti… Cómo soltaste las risas por esas penosas caras con muecas fingidas que mal imitan a tus sonrisas.

Tiempo sin verte y él imprimió estragos que a la distancia no me permitió reconocerte, no me permitió saber si en verdad eras tú. 




¡Despierta! Te quise decir al gritar tu nombre casi a tu costado.  ¿Me toca recordarte lo que se olvida en esta cueva transcurso de vida? Sin linterna ni antorcha perdiste tu rumbo y te acurrucaste en ese oscuro espacio, sin querer ver ni avanzar más…

¡Despierta! Dije con susurrar tu nombre y abrazarte.- Pequeña, a caminar se ha dicho, que se acerca esa nube, la que viene con prisa y ganas de mojar. ¡Vamos Pequeña!. 
La sonrisa habitante de mis recuerdos vino a dar su primer saludo y con un correspondido abrazo me dijiste 

¡Vamos!

La alegría escondida en lo recóndito de tu interior salió a danzar en tus ojos, los que brillaban como nunca antes.


¡Vamos, que la lluvia no se nos escape!