lunes, 23 de julio de 2012

Música puesta en tu vida. Free


Fin de semana sin trabas heladas a pesar de estar presentes los volátiles témpanos glaciares descendiendo del techo negro, vértigos mareos de altos vuelos.

Un amigo en el festejo por el año que ha pasado, hechos afrontados y resignados, asimilados y soslayados para lo que vendrá. Reunión sin mayor plan ni sobriedad, quizás solo la idea del plan, en lo indispensable del tenue ebrio sendero con carcajadas de acompañantes. Cada reunión es singular, expeliendo matices creativos por cada personalidad y expresiones dadas con o sin notoriedad.

Princesa vista en aquel día pasado al citarte sin conocerte para que presentes el  concierto.

De vista alegre y vida de aprender, de sentimientos nobles e inocentes que  por momentos pecaban por ingenuos o por su opuesto. Lluvia de sonrisas con cordiales algarabías y actitudes desprendidas encontradas en la chiquilla complicidad. Radiante el oro de tu pelo, brillante la perla de tu piel, elegante como pocas y con la expresión de vida que toda mujer sabe enaltecer.

Tan conocidos los artífices por agrupar según sus ojos, a otro amigo le vieron para ella, hecho que desde tiempo atrás venían haciendo.

Tan tú en tu baile que coordinaba tan bien con el mío. Las sonrisas que iban y venían, las palabras que entre risas a penas se entendían, solo lapsos, nada fuera de lo normal.

Tan estilizado el nado de cisne impulsaba las ondas del lago, la oscura noche con intermitentes luces dejaban todo la aparente quietud del lugar.

¿Y qué pasa con la amistad con la que te hacen el hincapié? Me pregunté ante lo escuchado y lo visto en la reunión. Para variar, yo condescendiente os dejo en su libre albedrío sin interferir, y así dejarles continuar y pudiesen llegar a lo que deban llegar. Es interesante, como la edad marca en la estructura mental, sus años de más la evaluaban constantemente y solo como juez se quedo observando dando poco de sí, para terminar en desaprobarla, acto que me enteré tiempo después… Dejarlos a su avance creyendo terminarían bien fue un error de los que suelo cometer, y con el tiempo transcurrido solo reflexiono en las veces que debo de pensar más en mí que en los demás.

Tu música perdida al retorno de tu pasado, a tu traidor acechador, en el desconcierto de tu desaprobación ponerte al tanto del compas impuesto; por una u otra aún tus notas se no son propias, pero libres al fin de cuentas…



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